jueves, 20 de marzo de 2014

"¿Qué es lo más importante para que una mujer tenga un orgasmo?"


El orgasmo femenino es uno de los temas más analizados, compartidos, añorados y a la vez descuidados por nuestra cultura. Mientras que el orgasmo masculino suele ser algo mucho más conspicuo y común –dentro de una construcción sexual colectiva que por siglos fue determinada por el placer masculino–, el orgasmo femenino por momentos parece hermético y elusivo (lo es incluso en su fisiología al no exteriorizarse de manera patente). En los años recientes con la proliferación de la sexualidad como parte importante del cultura del bienestar, han surgido numerosos estudios que intentan entender por qué algunas mujeres tienen problemas para obtener orgasmos  –especialmente a través de la penetración vaginal– y qué es lo que las hace conseguirlos.

Una investigación encabezada por el Dr. Justin Lehmiller de la Universidad de Harvard con más de 13 mil mujeres heterosexuales universitarias. Los resultados del sondeo revelan que sólo el 32 % de las mujeres tienen un orgasmos en la primera relación, mientrs que el porcentaje va ascendiendo según el número de veces que se ha tenido sexo, tal que cuando se han 6 o más veces relaciones sexuales el porcentaje de orgasmos sube a 51%. Paralelamente las probabilidades de tener un orgasmo aumentan cuando la mujer tiene interés de tener una relación estable con su pareja sexual. Otros factores que incrementan la posibilidad de un orgasmo vaginal: la estimulación genital durante el coito (más con sus propias manos que con las manos de él), el sexo anal y haber recibido sexo oral antes (en ese orden).





jueves, 13 de marzo de 2014

"Todos somos pervertidos sexuales"



¿Qué constituye una perversión sexual? Esta pregunta ciertamente ha sido abordada una y otra vez a lo largo de la historia. Cada vez, la actitud social general hacia la sexualidad cambia, al igual que la respuesta. La palabra “pervertido” solía significar ateo. Pero en los últimos doscientos años ha llegado a significar desviado sexual. Es decir, alguien que tiene apetitos sexuales no ortodoxos o fuera de lo considerado “normal”.
En un nuevo libro llamado Perv: The Sexual Deviant in All of Us, de Jesse Bering, viene una meticulosa disertación de los posibles significados de la perversión en tiempos modernos. El libro es interesante, y en muy resumidas palabras, la posición de Bering es que todo es válido. Ahora, no todos los libros de divulgación científica abren con una confesión de que el autor alguna vez se masturbó con una imagen de un Neandertal, pero Bering piensa que la emoción social de la vergüenza es corrosiva y que todos debemos ser más abiertos sobre nuestros fetiches y extrañezas. En su libro incluso cita estudios que muestran que en países donde la pornografía infantil está disponible gratuitamente, las ofensas sexuales contra niños son menos frecuentes que en países donde el porno infantil no está a la mano.
Bering también relata algunos experimentos sexuales que se han llevado a cabo con animales para entender el papel de la infancia en la sexualidad adulta. En un experimento, ratas macho bebés, que mamaron de una madre que tenía esencia de limón en la tetillas, crecieron para poder ser excitadas, y por lo tanto eyacular, sólo con una rata hembra con olor a limón. En otro, cambiaron de lugar a crías recién nacidas de borregos y cabras (los borregos se fueron con la mamá cabra y viceversa). Cuando fueron adultos, los animales machos sólo mostraron interés sexual en sus especies adoptivas. Las hembras, sin embargo, estuvieron interesadas en ambos, demostrando así una fluidez de respuesta sexual que también se ha demostrado en estudios humanos.
Bering, por supuesto, ha levantado controversia. Pero sin duda hace preguntas importantes que podrían llegar a aludir a la nueva ola de cantantes pop que usan todos sus recursos para “subvertir” (aunque sea superficialmente) las normas sociales relativas al sexo (i.e. Milley Cyrus, quien serestriega contra una botarga y sugiere la masturbación en sus presentaciones, o la camiseta DIY de Rihanna, que muestra a una mujer masturbándose). O también podría llegar a invocar muchos de los impulsos eróticos que yacen en algún lugar dentro de nosotros, aunque muchas veces prefiramos que permanezcan en la oscuridad.
La construcción de la sexualidad humana es más compleja que la de las ratas al incluir un factor mental, generalmente del orden de la fantasía o una supuesta sublimación a partir del amor y la ley moral; sin embargo, a veces olvidamos que al igual que los animales los estímulos que recibimos nos programan. El trabajo de Bering sugiere que la llamada “perversión sexual” (sexo homosexual, sadomasoquismo, zoofilia, hasta la pedofilia y demás) es en realidad mucho más natural de lo que se cree —padecemos nuestros instintos culturalmente afectados por los estímulos que hemos recibido y la información genética que hemos heredado. La desviación sexual entonces podría entenderse como una “estructura del deseo” más o menos estadísticamente común, sin que genere toda la reprobación moral que suele acompañarla.  Sin duda, el tema es controversial, pero resulta evidente que antes de juzgar a las personas por sus preferencias sexuales —ya sean estas parafilias o recatadas a la moral establecida— ayudaría tener en mente que en la región del deseo la diferencia impera (no hay una forma “correcta” de desear) y que todos somos o hemos sidos pervertidos sexuales, así que mejor gozarlo (de manera legal), que reprimirlo.



martes, 11 de marzo de 2014

"¿Hizo “cuerpo de luz” George Harrison al morir?"


George Harrison, uno de los Beatles más discretos pero también más cercanos a la espiritualidad, habría “iluminado la habitación” al morir en el 2001, según su esposa Olivia Harrison. Como podemos ver en el video, parte del documental George Harrison: Living in the Material World, dirigido por Martin Scorsese, la esposa de Harrison sugiere que un fenómeno conocido como “la luz en la muerte” podría haber ocurrido al momento de su fallecimiento.

Una profunda experiencia ocurrió cuando dejó su cuerpo. Fue visible. Sólo digamos que no necesitarías haber iluminado la habitación si quisieras filmarlo. Él solo… iluminó la habitación.

Evidentemente el testimonio de una mujer que adora a su esposo no es lo más científicamente confiable, ya que existen numerosos factores que podrían haber influido en la percepción de Olivia: sus creencias religiosas, su sensibilidad psicológica al pasar por la muerte de su esposo o incluso su deseo inconsciente de ver a Harrison como un santo o una leyenda.
Harrison había escrito en su álbum All Things Must Pass, “nada en esta vida que he intentado podría igualar o superar el arte de la muerte”. Es difícil saber, pero Harrison, quien era seguidor del movimiento Hare Krishna y tuvo numerosos acercamientos con la filosofía oriental, tal vez entrenó en el arte de la muerte como puede estudiarse en el Bardo Thodol, o Libro Tibetano de la Muerte.

Existen, sin embargo, numerosos reportes de personas que aparentemente habrían despedido un brillo o generado una cierta luz al momento de morir, algo que según algunos círculos religiosos ocurre entre personas santas o que se han iluminado, y se conoce como “hacer cuerpo de luz”, la señal inconfundible de esta supuesta iluminación y trascendencia. Estas luces, para la ciencia, son entendidas como las alucinaciones propias de una susceptibilidad mental.

jueves, 27 de febrero de 2014

"Sexo y violencia"


Milo Manara, maestro indiscutible del cómic erótico, ha dibujado con claridad y cinismo lo que academias completas de historiadores no han podido decir inundando bosques de papel con ríos de tinta: la historia es una sucesión interminable de asesinatos y violaciones.

Debajo del maquillaje y los vestidos, tras bambalinas del teatro de las instituciones y la tecnología, es el impulso más primitivo lo que lo mueve todo. Ya lo decía Nietzsche, el conocimiento es un efecto de superficie, “una centella que brota del choque entre dos espadas”. Nos acercamos como insectos a la luz, dejándonos fascinar por las apariencias, por el refinamiento y el brillo de filosofías que se creen ajenas al olor y a la textura de la carne. Creemos poder contener la necesidad y el deseo repitiéndonos como mantra un rosario de mentiras, pero en el fondo los instintos avanzan incontenibles, en estampida.

Nos vanagloriamos de una moderna civilización que construye sus templos al consumo con los escombros y la sangre de pueblos olvidados. El conocimiento es “violación”, no percepción, es cortarle la lengua y ponerle grilletes al enemigo. Somos una horda de simios neuróticos, perfectamente peinados y empastillados, que gustan de las pantallas planas, de los implantes y de tener el alimento bien muerto en sus platos. Aspiramos a vivir en ambientes cada vez más controlados y esterilizados, como de quirófano, pero secretamente los imaginamos manchados por la sangre de una carnicería, o por los fluidos del set de una película porno.








domingo, 23 de febrero de 2014

"Frías piernas y una cálida interfaz"




No me imagino lo duro que pudo haber sido para un actor como Joaquin Phoenix ganarse un lugar en el mundo cinematográfico, debido a su condición de hermano menor de un mártir de este competitivo me dio, en el cual renovar panteones siempre ha sido complicado. En Gladiador (Ridley Scott, 2000) interpretó al emperador Commodus, con lo que aclaró que tenía el talento suficiente para poseer una carrera propia. Años después, en La Aldea (M. Night Shyamalan, 2004) demostró que podía proyectar sentimientos profundos en la pantalla. Con The Master (Paul Thomas Anderson, 2012) se granjeó una nominación al óscar al esculpir un personaje que trascendía la pantalla. Tal parece que Joaquin Phoenix, una y otra vez ha intentado dejar claro lo mucho que vale, como si continuara confirmándole a su hermano que sí es un actor, que por algo tomó su lugar. En Ella (Spike Jonze, 2013) Phoenix finalmente se relaja, y permite que su personaje se enamore, que encuentre su alma gemela, el único problema es que ésta es una computadora. Así como lo mira, estimado lector, ¿usted podría imaginar un futuro lejano donde nuestro ordenador sea necesario para poder sobrevivir?, ¿la imposibilidad de desear hacer el amor con alguien de carne y hueso, y que únicamente ante un monitor HD nos podamos excitar?, ¿o que su extensión telefónica, celular, computadora, sea elemental para asociarlo con la realidad que lo rodea? Pues parece que el futuro ha llegado a nosotros, no tuvimos que ir tan lejos. 


En la trama de Ella, Theodore, alías Theo, es un escritor de cartas personalizadas para otros, tipo Hallmark para ser más específico; pero en una sociedad futura electrónicamente virtual, donde para llegar a ser más personal hay que dejar de serlo. Theo estructura en un relato la información recopilada del susodicho y pretende ser el cliente escribiendo en armoniosa primera persona. Theo se destaca en el medio especializado de esta actividad, pues logra un acercamiento cándido con el lector, a base de letras cálidas en un diseño virtual específico para cada uno. A veces tiene que desarrollar con palabras una amistad profunda en algún punto culminante de su historia, o el acercamiento entre seres queridos en una relación familiar que se encuentre en problemas y, en ocasiones, enamorado a profundidad, confesar sus pensamientos al ente de su fijación. 

Personalmente, Theo fracasó en su más destacable relación de pareja con Catherine (Rooney Mara), con quien estuvo casado y ahora está divorciado. Nunca se pudo comunicar en realidad con ella, imposible le fue salir de su mente y, esclavo de sus motivaciones personales, pensamientos y necesidades, siguió, hasta que el amor sucumbió. Ahora le es más fácil compartir secretos, esperanzas, hacer planes en conjunto, en fin, amar a la persona que imagina del otro lado de su ordenador, diseñando estas cartas a personas desconocidas, que mediante su chamba esquizofrénica se vuelven sus mejores amigos o parejas que llevan muchos años juntos. Theo conoce mejores amigos, se enamora, habla con gente de la que ha estado apartado, todo en el mismo día, pero cuando cae la noche y las cosas vuelven a su estado real, Theo comprende que está solo.


"Frías piernas y una cálida interfaz"


jueves, 13 de febrero de 2014

¿Cómo tener un “Orgasmo Cerebral”?


Primer paso: intenta reducir la cantidad de estímulos al mínimo, ponte los audífonos y abandónate a los placeres de la seductora voz de María, quien será tu acompañante en este viaje a las regi ones más primitivas de tu cerebro. 

Ahora la teoría. En realidad se sabe poco del fenómeno, la ciencia apenas ha intentado algunas tímidas incursiones en este nuevo territorio, a pesar de que ya se encuentre habitado por un campamento cada día más extenso de nómadas venidos desde los más lejanos rincones de la red. Y es que posiblemente estas sensaciones se remonten más allá del origen del hombre, pero hayan permanecido en estado salvaje hasta que Jennifer Allen creara en 2010 el grupo de Facebook “Autonomous Sensory Meridian Response Group” o ASMR, como ahora se ha llamado al fenómeno (Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, en español). Así, el término no sólo ha nacido y crecido en la red, lejos de la vigilancia de los científicos, sino que ha engendrado toda una comunidad de nuevos gurús que, como María, se han dedicado a grabar videos a través de los cuales masajean a la distancia los cerebros de toda una horda de internautas desesperados por encontrar una forma de liberar la presión acumulada dentro de sus cráneos. 

Aunque la ASMR es una idea nueva, posiblemente ya hayas tenido alguna experiencia similar y te haya invadido por sorpresa ese hormigueo que se extiende por espalda y brazos como un flujo eléctrico, a veces tan intenso como un orgasmo. La pregunta es: ¿cuál será el gatillo que te volará los sesos? Porque, según parece, en términos de ASMR cada persona es diferente, algunos reaccionan a un susurro, al sonido de pequeños golpes o rasgueos, al pisar de hojas secas, al sonido de la lluvia, al teclado de una máquina de escribir o al ruido blanco de los electrodomésticos. Hay quienes prefieren las voces con acento, dicen que les provoca la sensación de estar placenteramente cansados, satisfechos. Incluso, en reddit se menciona a Bob Ross como uno de los gatilleros más buscados, lo cual delataría de una vez por todas a toda una generación de supuestos aficionados a la pintura. 

Sólo recientemente se han dirigido algunas investigaciones científicas para explicar la ASMR. Fisiológicamente se sabe que las sensaciones empiezan a bullir con la cercanía física, la cual provoca que se aceleren el corazón y la respiración, por eso, para generar los efectos deseados, muchos de los videos son grabados con micrófonos binaurales que simulan la posición de los oídos en la cabeza del espectador. Por otro lado, David Huron, de la Ohio State University, señala que el efecto ASMR tiene una gran similitud al aseo físico en los primates, del cual obtienen un placer cercano a la euforia. No es de extrañar entonces, que en nuestras formas modernas de acicalarnos (una sesión de maquillaje, un corte de cabello) encontremos el placer de resbalar cuesta abajo en el proceso evolutivo. 

Parece extraño cómo el ASMR genera la sensación de estar en los linderos de un placer culpable y secreto, guardado celosamente en el fondo de la madriguera como preciado fetiche, cuando en realidad María susurra sus conjuros al oído de millones de navegantes que solo buscan un pretexto para cerrar lo ojos y perder el control del barco.






jueves, 6 de febrero de 2014

"El Arte de Besar"



Besamos por las razones más extrañas. Para demostrar cariño, para empezar un acto sexual (o terminarlo), para saludar a otros (o despedirlos), para divertirnos. Los psicólogos evolucionistas han l legado a la conclusión de que lo que hoy conocemos como un “beso” fue en algún momento una forma de alimentación que consistía en masticar la comida y pasarla a la otra boca, casi siempre de los hijos. Pero hoy en día, sugieren, un beso es un indicador del tipo de pareja potencial que el otro podría ser para ti, a nivel hormonal. 


La imagen pública del beso comenzó como un tabú, hasta que en 1896 apareció por primera vez en el cine y de ahí proliferó. Una de las apariciones más curiosas es la que, en 1936, creó un hombre llamado Hugh Morris. The Art of Kissing es un panfleto ilustrado en el que el autor guía a parejas jóvenes en las técnicas, trucos y “métodos aprobados de besar” de la época. Lo mejor de todo es la suposición del concepto de “amor cortés” que se tenía en la época, y que se representa jocosamente en este manual. El oportunismo de Morris es evidente (¿quién no compraría un libro “decente” sobre un tema cuasi-sexual?), y está dirigido a los hombres que, claro, eran los que siempre daban el primer paso. Pero la lectura te transporta a otro lugar, en otro tiempo, en otra cultura.


"El Arte de Besar"